La realidad aplasta a la 4T

Opinión
El caso es que la realidad los aplastó. Y estamos peor, mucho peor, que antes.

La lista de promesas incumplidas por parte de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum en 7 años y medio de ejercicio en el poder debería ser un escándalo mundial, no porque sea ejemplo de presunción de logros, sino por ser un catálogo de fracasos.

La revisión de ello constituye la mejor forma de mostrar la inviabilidad de una propuesta gubernamental populista cuyo único fin fue la compra de voluntades políticas para llegar a la presidencia de la República, y luego perpetrarse en ella, rodeados de leales incompetentes.

Veamos.

  • El crecimiento económico de nuestro país ha sido de menos del uno por ciento anual en este ominoso periodo, el menor ritmo registrado durante las últimas 4 décadas. Habían prometido que el avance sería del 6 por ciento por año.
  • La gasolina de mayor consumo la mantienen en el umbral de 24 pesos por litro, con todo y un enorme subsidio fiscal de por medio. La promesa fallida era de 10 pesos.
  • Para cumplir con la transferencia directa de dinero a las personas (con fines claramente electorales), se comprometieron las finanzas públicas nacionales, llevando la deuda a niveles históricos (se duplicó) y aumentando el déficit fiscal. Habían comprometido exactamente lo contrario.
  • Aseguraron que construirían un sistema de salud pública de primer mundo: el deterioro de la infraestructura sanitaria está documentado y el desabasto de medicamentos ronda entre un 25 y 30 por ciento
  • México sería pacificado en 6 meses: el territorio nacional fue entregado al narco y tuvieron que pasar 6 años -con récord histórico de homicidios incluido- para por lo menos cambiar la política de “abrazos, no balazos”.
  • Pese a repetir una y otra vez el “no somos iguales”, la corrupción gubernamental creció exponencialmente; políticos y familiares se enriquecieron sin control y una fiscalía presuntamente autónoma hizo y hace el papel de “Celestina”. Esto es, se presentan denuncias y eso se alude como suficiente.
  • Nos quisieron hacer creer que la “soberanía energética” era importante y olvidaron lo básico: aumentar la renta petrolera y la disponibilidad de energía y combustibles baratos y asequibles. No ocurrió así.
  • Satanizaron las alternativas de producción energética y hoy -demasiado tarde- las perfilan para corregir una grave situación de falta de electricidad para consumo doméstico e industrial.
  • Se autodefinieron austeros pero se exhiben como nuevos ricos, con ropa y accesorios caros y destinos turísticos exóticos.
  • La “nueva escuela mexicana” es un viejo manifiesto comunista, en medio de escuelas derruidas por el tiempo y la falta de mantenimiento
  • Y finalmente, las obras de relumbrón son un estrepitoso fracaso: el AIFA no resuelve el tráfico aéreo ni las necesidades de conectividad de México; el Tren Maya, descarrilado, ahora se hunde; el Transoceánico ya provocó muerte; la Refinería Dos Bocas no funciona adecuadamente y en vez de gasolina produce fuego, explosión y muerte.

La mal llamada Cuarta Transformación trata de cubrir estos fracasos con la presunción de que la pobreza se redujo, lo cual tampoco es cierto; con el aumento por decreto de salarios mínimos, que ha presionado a la inflación y reducido el empleo formal, y con la popularidad presidencial, que vale tanto como la soberanía energética.

Y por supuesto, hay pretextos en la narrativa oficialista: la pandemia, la guerra Rusia-Ucrania y ahora Donald Trump y/o el conflicto en Medio Oriente.

El caso es que la realidad los aplastó. Y estamos peor, mucho peor, que antes.