México: la política de la intrascendencia

Opinión
Claudia Sheinbaum, ahora presidenta de México, ha centrado su gobierno en dar continuidad a las políticas sociales iniciadas por Andrés Manuel López Obrador.

En los populismos del mundo se privilegia la llamada “narrativa” por encima de todo.

Comunicar no es convencer sino imponer. El esfuerzo por encontrar la verdad sucumbe ante “los otros datos”. La percepción se vuelve un fin en sí mismo, y lo importante deja paso a lo cosmético.

Con las mañaneras, Claudia Sheinbaum heredó una práctica que a su antecesor le redituó con amplitud. Pero la presidenta no tiene las habilidades comunicativas -o la desfachatez del cinismo- que caracterizó a quien la impuso.

La presidenta miente como AMLO, pero no convence como él.

A Sheinbaum le ayudan los pseudoperiodistas que plantean preguntas a modo, pero naufraga estrepitosamente cuando cuestionan la credibilidad de la mal llamada Cuarta Transformación.

Su gobierno le sigue apostando a los “likes” en redes sociales, y a las encuestas de popularidad cada vez más cuestionadas.

López Obrador salió bien librado de las explosiones en Tlalhuelipan, y aún de la desastrosa gestión sanitaria de la pandemia. Pero Sheinbaum es científica y no puede apelar a “detentes” ni tiene a un López Gatell haciendo el ridículo público.

Pero nadie parece querer ayudar a la presidenta.  Ni siquiera el perverso Jesús Ramírez y su ejército digital que la defiende a toda costa y que denuesta a los críticos de la gestión gubernamental. No importa el tamaño de la mentira, si el propósito es llenar los espacios con verdades a medias y mentiras completas

Por eso es lamentable que el actuar del gobierno privilegie la lisonja fácil sobre la verdad incómoda.  Es mejor hablar de canchas de futbol que de asesinatos o desaparecidos. Siempre acomoda más ir a la plaza pública a repartir dinero que a rendir cuentas.

La trascendencia sería aplicar políticas públicas que garanticen el crecimiento económico y la generación de riqueza. Lo contrario es llenar los espacios de la discusión pública con autoelogios por una supuesta política de subsidiareidad social.

Es más fácil negar la escasez de medicamentos, el aumento en las desapariciones, el deterioro de la infraestructura pública, la falta de crecimiento económico, el deterioro de la inversión y la desastrosa destrucción de instituciones.

Nada de eso: la presidenta presume su popularidad y desprecia cualquier señalamiento en su contra.  Mejor un like que un artículo periodístico que documente el mal gobierno.

La intrascendencia gana, si eso abona a los likes. Y así, cada mañana, dos horas, al menos.

No sirve de nada.