Semana de chairofagia
Opinión
Tras un vertiginoso inicio de año, con la captura de Nicolás Maduro y las amenazas de otras incursiones norteamericanas que incluyeran México, así como una febril oleada de “masiosares” desde Palacio Nacional, febrero pintaba como aburrido, hasta que en la semana más reciente apareció un libro que sacude desde sus entrañas a la 4T, a su fundador, a su sucesora y a varios protagonistas del morenismo.
El texto “Ni venganza ni perdón” de Julio Scherer Ibarra, quien fuera el abogado de Andrés Manuel López Obrador, es un torpedo que pega en la línea de flotación del proyecto gubernamental mexicano, no solo por revelar desde adentro prácticas insanas en el ejercicio del poder que supuestamente ya no existían, sino porque exhiben la brutal confrontación interna en el grupo oficialista.
Siempre fueron obvias las prácticas goebbelianas de Jesús Ramírez Cuevas, la ineptitud criminal de Hugo López Gatell, la perversidad de Alejandro Gertz Manero o incluso la obstinación ideológica del expresidente, pero es muy relevante que fuera su más cercano colaborador quien destapara esta bomba mediática que complica aún más la delicada situación de la presidenta en funciones, atrapada además entre las paredes de Palenque y la espada de Damocles en la Casa Blanca.
A mí me sorprendió que Scherer se colocara en la muy difícil paradoja de pontificar la figura de AMLO y al mismo tiempo contar algunas de las muchas barbaridades que hizo o toleró una vez que llegó a la silla presidencial. No parece que habla del mismo sujeto cuando primero lo exculpa de perversiones políticas y luego da detalles de las que su amigo el macuspano fue promotor o aún protagonista.
Hubo un momento en que pensé que el abogado concluiría que López Obrador es la única persona que puede darse la licencia de usar indebidamente dinero público; negociar a su conveniencia la voluntad popular; tolerar incompetencia y corrupción a cambio de lealtad; crucificar adversarios desde el púlpito presidencial; permitir el tráfico de influencias y el nepotismo. Todo eso es negado pero ratificado. Vaya, pues, se llega a tener la sensación que -según Scherer- todo es culpa de todos, menos de su (ex) amigo, aunque después lo señale para desmarcarse de un entramado del que formó parte vital.
Son también escandalosas las omisiones en la historia: los sobres a hermanos de AMLO, la ilegalidad de su candidatura en la CDMX, la cancelación del aeropuerto (solo una decena de líneas para el pecado original del desastre económico obradorista), los negocios de José Ramón, Andy y Bobby López Beltrán, la destrucción de la ley de Amparo, el Seguro Popular, Ricardo Salinas Pliego.
¿Por qué a Julio Scherer Ibarra le daba tanta satisfacción trabajar con Andrés Manuel a la par de reconocer graves fallas en su actuar público? En la posible respuesta está que en su libro efectivamente no hay perdón, pero sí mucha venganza, que además llega 4 años después de que se fue.
He llamado “chairofagia” a la cruenta lucha al interior de la 4T. Este es un capítulo estelar, como también la aprehensión del narcoalcalde de Tequila, el nuevo episodio del pleito Layda Sansores-Ricardo Monreal y, apenas hace unas horas, el despido de Marx Arriaga, el ridículo comunista que destruyó los libros de texto gratuitos, otrora orgullo del Estado mexicano.
Y todo, en febrero de este año que apenas empieza. Uff