El fracaso económico de la 4T
Opinión
Por más que el discurso gubernamental repita constantemente que la mal llamada Cuarta Transformación sacó de la pobreza a 13 millones de personas; aunque se presuma una supuesta cifra récord de inversión extranjera; a pesar de que en las mañaneras juren que la economía mexicana va bien, las propias cifras oficiales revelan un estancamiento que huele cada vez más a franca recesión.
Sin el CONEVAL, desaparecido abruptamente por Andrés Manuel López Obrador cuando no le gustaron los reportes sobre pobreza multidimensional en nuestro país, y con datos de inversión extranjera que corresponden en su inmensa mayoría a recursos que se reinvierten, pero no a inyecciones nuevas de dinero productivo, los otros datos de la 4T son poco creíbles.
Pero lo que es incontrovertible es el dato del comportamiento del Producto Interno Bruto de cara al fin del primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum, que refleja la verdad de una economía que mantendrá al cierre anual una clara y marcada tendencia a la baja.
Ante el dato negativo del PIB correspondiente a los meses de julio, agosto, septiembre y octubre, no hay manera de negar que México decrece, en tiempos ciertamente difíciles, pero en los que prácticamente todos los países del mundo registran avances, con excepción de Cuba, Haití y Venezuela.
Vaya, ni siquiera la presidenta Claudia Sheinbaum se atrevió a poner en duda los reportes del INEGI, si bien acudió al chocante y tramposo cuento de que el crecimiento no debe medirse solamente por el tamaño del PIB. Olvida la mandataria que ella misma y su jefe máximo machacaron durante años que el crecimiento promedio del 2% logrado por gobiernos “neoliberales” era mediocre y claramente insuficiente para que México aspirara a mejorar las condiciones económicas de su población.
De hecho, la promesa de crecer un 6% promedio anual a partir de 2018 fue un completo embuste, justificado con el pretexto de la pandemia de Covid, primero, y por los aranceles de Donald Trump, después.
El hecho, duro y llano, es que nuestro país registra el peor desempeño económico de los últimos 40 años, más malo incluso que el observado en el sexenio de Miguel de la Madrid, cuando tuvo lugar una de las crisis más severas de toda la historia mexicana.
Sin crecimiento no puede haber bienestar, y el exiguo promedio de avance del PIB en 0.6% anual en los últimos años, hace que la economía nacional sea más pequeña con respecto a su población que al cierre de 2018. Es decir, no solo se incumplió un compromiso de expansión, sino que hubo y hay una contracción en términos reales.
El gasto social y las inversiones públicas en infraestructura (en obras costosas e inútiles), no se financió con crecimiento, sino con deuda, que ya fue duplicada en muy corto tiempo. Hoy se pagan las consecuencias.
Por eso, y no solo por la inseguridad rampante y la corrupción sin control, hay gente tan enojada.
Se les dijo: la borrachera puede ser larga y la cruda no es inmediata, pero llega al despertar y tarda en curarse.
En esas estamos.
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