Lustradores de calzado
Opinión
El digno oficio de limpiar el calzado ajeno es un símbolo de la cultura popular. Son tradicionales las estampas de los “boleritos” -llamados así cariñosa y no peyorativamente- en las calles de la ciudad de México, en los entrepisos de oficinas o en las concurridas plazas públicas, ofreciendo “dar bola” a quien lo requiera.
Esa noble labor también se convirtió en símbolo de sumisión o metáfora sobre quien se postra ante un semejante para limpiarle los zapatos o aún “besarle los pies”, como se dice en el amplio argot de expresiones de la clasista sociedad mexicana.
Uno de los pilares para que la mal llamada Cuarta Transformación accediera al poder fue la supuesta dignificación de los oprimidos, mediante la exaltación del clasismo en nuestro país, y la promesa de mejorar las condiciones de aquellos más desfavorecidos, tradicionalmente sumisos y rendidos ante las diferencias sociales, económicas, políticas y hasta raciales tan características de la realidad nacional.
Justo por eso es tan incomprensible como condenable que el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación haya permitido que un par de colaboradores se pusieran de hinojos públicamente para limpiarle su calzado antes de ingresar a una de las ceremonias cívicas más solemnes y representativas de la agonizante República.
Peor aún, al verse exhibido como arrogante y abusivo negó lo que el video registrado no le concede: hasta se cercioró de que sus cacles quedaran impecables, igual que su camisola ataviada con bordados que machacan su presunta humildad y sencillez.
Estamos no solo ante una falta de sensibilidad política que como titular de uno de los tres poderes de la Unión debe tener, sino ante otro engaño de la 4T, que replica y amplifica actitudes y prácticas que supuestamente combate. Porque no olvidemos que Hugo Aguilar es parte de la engañifa de la Reforma Judicial (fue impuesto en la boleta por AMLO e incluido en los acordeones de la farsa electoral), y del desastre que vive México.
De nada sirvió que minutos después Aguilar empezara su discurso hablando mixteco. Ser indio no describe ni superioridad ni inferioridad, pero ser ladino sí lo exhibe como miserable. Y el farsante ministro del acordeón lo es.
No importa que los penosos aplaudidores del régimen aludan a una nueva conspiración contra su movimiento, a la inteligencia artificial o incluso -vaya falacia- a un acto de racismo “inverso”, porque la directora de Comunicación Social de la Corte, una de las boleadoras, sea güerita y egresada del ITAM.
¡Al contrario! ¡Qué vergüenza sentimos quienes nos hemos dedicado a la comunicación gubernamental y cuánto enfado deben de experimentar los itamitas! Por cierto, ¿dónde andan las feministas de Morena?
Por lo demás, lo que hemos leído y escuchado de quienes hacen maroma y media para mantener la narrativa de la 4T ha sido mucho más abyecto y penoso que una imagen de cualquiera de ellos o sus patrocinadores boleándole los zapatos a Andrés Manuel López Obrador o a Claudia Sheinbaum.