¿De verdad vamos bien?

Opinión
El optimismo presidencial del primer informe de gobierno que presentó Claudia Sheinbaum.

El optimismo presidencial del primer informe de gobierno que presentó Claudia Sheinbaum deberá matizarse cuando una semana después -este mismo lunes- se presente el Paquete Económico 2026.

Porque una cosa es el acto político de exaltar presuntos logros y otra muy distinta presentar las proyecciones gubernamentales para que el Congreso de la Unión apruebe la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para el siguiente año.

En un entorno de incertidumbre por un mundo que redefine su geopolítica, con un impredecible Donald Trump amenazante y un México que insiste en el modelo heredado por Andrés Manuel López Obrador, serán muy relevantes las señales que se manden desde Palacio Nacional sobre su visión económica con la que enfrentarán el segundo año de la administración.

La borrachera presupuestal que ha llevado al déficit fiscal mexicano a niveles absurdos del 6 por ciento del Producto Interno Bruto, financiado con una monstruosa deuda que pasó de 10 a 18 billones de pesos entre 2019 y 2025, reclama cumplir con la promesa no cumplida en el primer ejercicio de Sheinbaum: bajar a la mitad la diferencia entre ingreso y gasto.

Si no hay claridad de que eso se pueda lograr los mercados nos castigarán, y por eso la presidenta no tiene más remedio que buscar mayor recaudación a la par de reducir el gasto público.  El problema es que no quiere impulsar una reforma fiscal que sería impopular y ya no hay mucho margen de recortes presupuestales, lo que ya se ha reflejado en perniciosos subejercicios en servicios básicos como salud, educación y mantenimiento de infraestructura en todo el país.

La alternativa será, aunque el discurso oficial niegue nuevos impuestos, incrementar el famoso IEPS que se aplica a gasolina, tabaco y alcohol, y seguir apretando la fiscalización de grandes contribuyentes.

Curioso: medidas claramente neoliberales aplicadas por un gobierno que dice despreciar esa opción, y que asegura que recorre el camino económico correcto a pesar de un exiguo crecimiento menor al uno por ciento, incapaz de sostener una política social que regala cientos de miles de millones de pesos a fin de mantener lealtades políticas y así bajar -creo yo falazmente- los niveles de pobreza en México.

En fin. No esperemos una repentina dosis de verdad y credibilidad absoluta en el paquete económico, pero sí por lo menos un poco más de realismo para enfrentar un 2026 que supone grandes retos que no solo dependen de lo que hagamos, sino de una serie multidimensional de factores externos que nos exigen empezar con hacer bien la tarea de una política económica más razonable.

Aunque Sheinbaum repita que vamos bien, las finanzas públicas nacionales y los índices de crecimiento, desarrollo, inversión y hasta confianza del consumidor dicen exactamente lo contrario.