AMLO, Sheinbaum y Morena no son México

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México es mucho más que el dividido partido Morena.

El indudable triunfo de Andrés Manuel López Obrador en el 2018 y la cuestionable victoria de Claudia Sheinbaum seis años después (no olvidemos el descarado uso de recursos públicos para una larga campaña electoral), no les dio ni les dará el derecho de asumirse como dueños absolutos del país.

Si bien la mayoría comicial y el control legislativo -también muy en entredicho por haberse obtenido a la mala- le ha permitido a la mal llamada Cuarta Transformación hacer con la Constitución lo que les venga en gana, ello no es suficiente para que México deba pintarse completamente de guinda (con A de Morena y de presidenta).

Convencida, ni siquiera resignada, de que el verdadero mandamás vive en Palenque, Sheinbaum sigue a pie juntillas la obsesión por fraguar un régimen totalitario y vertical, donde la figura del caudillo es omnipresente y el movimiento que él fundó y que sigue manipulando a través de ella, es un símbolo nacional absoluto que trasciende al águila y la serpiente.

Billetes repartidos en sobres con el logo morenista y hasta la figura del expresidente; burócratas ataviados con chalecos del color oficialista; alarmas sísmicas de protección civil con la leyenda “alerta presidencial”; chocantes coros que fuerzan la rima “honor” con “Obrador”; gobernadores agachones; legisladores levantadedos; bufones abyectos disfrazados de periodistas que justifican las torpezas presidenciales.

En Palacio Nacional están decididos a que ellos representan sin límite alguno los intereses de todo el pueblo de México, y que cualquier cosa que hagan es por el bien de la población y con ello incuestionable. Pasaron del monárquico “el Estado soy yo” al populista “México es Morena y la 4T”: al final del día ello significa una tiranía, con los tres poderes concentrados en un mismo grupo y la ominosa oferta de que ya no necesitamos pensar ni opinar. Vaya, ni siquiera trabajar, al fin existen las dádivas gubernamentales.

Por todo eso, resulta muy pernicioso que ante la ofensiva amenazante de Donald Trump, el oficialismo mexicano llame a respaldar a “su presidenta”.

Podemos repudiar cualquier intervencionismo militar extranjero, pero al menos yo manifestaría respaldo a mi país, y no a un incompetente gobierno que en 7 años nos ha colocado en una posición mucho más endeble y vulnerable que la que podríamos tener frente a un mundo convulso y cambiante, en el que nuestro país le sigue apostando al pasado y a un pacto vigente con el crimen organizado.

A pesar de todo, y a riesgo de parecer simplón, México es mucho más que el dividido partido Morena, el corrupto AMLO, la mentirosa Sheinbaum y la ya intolerable 4T con toda su pandilla de nuevos ricos que nos quieren seguir contando el cuento de una inexistente izquierda progresista.

Agárrense, pues, que 2026 será un año movido y muy complicado.